
Valentina Giraldo M.
Periodista Franja Visual
En la moda infantil, las gafas de sol dejaron de verse como un accesorio ocasional para convertirse en una pieza que combina imagen, comodidad y cuidado visual. Hoy, elegirlas bien implica pensar tanto en el diseño como en la protección que necesitan los ojos en crecimiento.
Durante años, en muchos hogares las gafas de sol para niños fueron vistas como un complemento simpático para vacaciones o días de playa. Sin embargo, la conversación ha cambiado. Actualmente, organismos especializados y entidades de salud coinciden en que la infancia es una etapa especialmente sensible frente a la radiación ultravioleta, por lo que la protección ocular no debería entenderse como un gesto estético aislado, sino como parte del cuidado diario.
En ese contexto, la moda infantil ha encontrado una oportunidad interesante: transformar un elemento de protección en una prenda con valor expresivo. Las nuevas propuestas en gafas para niños ya no se limitan a reproducir versiones pequeñas del diseño adulto, sino que apuestan por color, ligereza, formas divertidas y materiales cómodos, en sintonía con una tendencia global que privilegia la individualidad, el juego visual y el confort.
La protección sigue siendo el punto de partida. Unas gafas de sol infantiles adecuadas deben bloquear el ciento por ciento de la radiación ultravioleta y contar con filtro UV400, además de una categoría de filtro apropiada para exteriores, siendo la categoría 3 una de las más recomendadas para el uso habitual en niños. También se espera que cubran bien el contorno ocular, porque no basta con que el lente sea oscuro: lo importante es que realmente filtre la radiación.
Esto cobra aún más relevancia porque la exposición solar acumulada desde la infancia puede relacionarse con daño ocular a largo plazo. La Organización Mundial de la Salud advierte que los niños y adolescentes son particularmente vulnerables a los efectos de la radiación ultravioleta, y la Academia Americana de Oftalmología recuerda que esta exposición se asocia con mayor riesgo de cataratas, lesiones en la superficie ocular y otros problemas oculares.
Pero proteger no significa renunciar al estilo. De hecho, una de las claves para que un niño use sus gafas con constancia es que le gusten. Allí la moda cumple un papel decisivo. Los diseños infantiles más actuales exploran colores vibrantes, transparencias, detalles lúdicos, monturas con personalidad y materiales ultraligeros que hacen más fácil incorporar el accesorio a la rutina. En el universo óptico internacional, además, se observa una fuerte apuesta por propuestas expresivas, emocionales y cómodas, donde el diseño ya no compite con la funcionalidad, sino que la acompaña.
Por eso, al momento de elegir, el criterio no debería centrarse solo en “qué se ve bonito”, sino en qué tan bien se adapta al rostro, qué tan resistente resulta para el movimiento cotidiano y qué tan probable es que el niño quiera usarla sin sentirse incómodo. Monturas flexibles, livianas, hipoalergénicas y proporcionales al tamaño de la cara ayudan a que la experiencia sea positiva. Cuando el accesorio se siente bien y además conecta con la personalidad del niño, la adherencia mejora.
También conviene recordar que estas gafas no son exclusivas de la playa o del paseo de vacaciones. La radiación ultravioleta sigue presente en días nublados, y puede intensificarse por el reflejo en agua, arena o nieve. Por eso, el uso de gafas de sol infantiles tiene sentido en múltiples escenarios de la vida diaria: caminatas, recreo, salidas al parque, trayectos escolares y actividades deportivas al aire libre.
Así, las gafas de sol infantiles se consolidan como una categoría donde salud visual y moda ya no deben presentarse como mundos separados. En la práctica, una buena elección es aquella que protege de forma real, se ajusta bien, resiste el ritmo infantil y, al mismo tiempo, hace que el niño se sienta identificado con lo que lleva puesto. Más que un accesorio de temporada, hoy representan una forma inteligente de cuidar la visión desde temprano sin dejar de lado el lenguaje estético con el que también se construye la infancia.
Referencia
https://marlopezpediatra.com/consejos-gafas-sol-ninos-como-elegirlas-uso/ https://www.who.int/
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Valentina Giraldo M.
Periodista Franja Visual
Elegir unas gafas no depende solo de la forma del rostro o de las tendencias. El color de la montura puede iluminar la expresión, resaltar el tono natural de los ojos y convertir la mirada en el verdadero punto focal del estilo personal.
Más allá del negro: una elección con intención
Durante años, el negro ha sido una de las opciones más frecuentes al momento de elegir gafas. Su carácter clásico, versátil y fácil de combinar lo convierte en una alternativa segura para muchos usuarios. Sin embargo, no siempre es el tono que más favorece la mirada ni el que mejor acompaña los matices naturales del iris.
En la actualidad, las monturas han dejado de ser un accesorio neutro para convertirse en una herramienta de estilo capaz de aportar luz, contraste y personalidad. Por eso, elegir el color adecuado puede marcar una diferencia importante en la forma como se percibe el rostro. La clave está en identificar qué tonos armonizan con el color de los ojos y cuáles ayudan a resaltarlos sin competir con ellos.
Una guía rápida según el color de ojos
En los ojos azules, el contraste resulta fundamental. Los tonos metálicos cálidos, como el dorado o el cobre, pueden aportar calidez y hacer que el azul se perciba más definido. También funcionan bien los tonos miel, los amarillos suaves y los marrones tipo carey, ya que generan un equilibrio entre luminosidad y profundidad.
Para los ojos verdes, las monturas en verde oliva, marrones cálidos, dorados o morado oscuro pueden acentuar sus matices naturales. Estos colores ayudan a destacar la intensidad del iris y aportan un efecto sofisticado sin sobrecargar el rostro.
Los ojos marrones ofrecen una amplia versatilidad, pues se adaptan con facilidad a distintas paletas. Sin embargo, para que resalten con mayor intención, los tonos verde musgo, azules profundos y las monturas transparentes son una excelente alternativa. Estas últimas, además, aportan luminosidad y permiten que la mirada conserve todo el protagonismo.
En los ojos avellana, los tonos ámbar, verde suave, café oscuro y neutros transparentes pueden destacar los reflejos dorados y las variaciones naturales del iris. Al tratarse de un color con múltiples matices, la elección de la montura puede ayudar a potenciar su riqueza visual y su efecto cambiante.
El tono de piel también cuenta
Aunque el color de los ojos es un punto de partida importante, el tono de piel también influye en la elección. Las pieles de matices fríos suelen armonizar mejor con monturas plateadas, azules, grises o transparentes. En cambio, las pieles de matices cálidos encuentran mayor afinidad con dorados, marrones, tonos tierra, miel o carey.
Este criterio no debe entenderse como una regla estricta, sino como una orientación para lograr mayor equilibrio visual. La elección final también dependerá del estilo personal, la ocasión de uso y el mensaje que la persona quiera proyectar.
Estilos que potencian la expresión
Las monturas metálicas doradas, especialmente en diseños tipo aviador, aportan calidez y funcionan muy bien en ojos azules, verdes y avellana. Su ligereza visual permite destacar la mirada sin endurecer las facciones.
Los diseños tipo cat eye en tonos amarillos suaves o daffodil ofrecen una propuesta más atrevida y luminosa. Este tipo de color puede actuar como un punto de luz alrededor del rostro, ideal para ojos azules, verdes y avellana.
Por su parte, las monturas transparentes representan una opción minimalista y elegante. Al reflejar la luz de manera sutil, favorecen especialmente a los ojos marrones, avellana y azules, pues acompañan la expresión sin restarle protagonismo. Para quienes buscan una alternativa al negro, los tonos avena, crema o café jaspeado ofrecen calidez y suavidad. En monturas redondas o de líneas orgánicas, estos colores pueden favorecer ojos avellana, verdes y marrones claros.
Finalmente, las monturas cuadradas en gris musgo o tonos fríos profundos aportan un impacto moderno. Este tipo de color puede intensificar los ojos marrones y, al mismo tiempo, hacer que los ojos azules o grises se perciban más brillantes y definidos.
La confianza también se elige
La montura ideal no solo acompaña las facciones; también puede transformar la manera en que se proyecta la mirada. Cuando el color de las gafas se elige con intención, el rostro gana equilibrio, la expresión se ilumina y el estilo personal se fortalece.
Más que seguir una tendencia, se trata de encontrar una combinación que dialogue con los ojos, la piel y la personalidad. Al final, las mejores gafas son aquellas que no solo favorecen visualmente, sino que también generan seguridad al usarlas todos los días.
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Marzo 8, 2024
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente una de cada seis personas en todo el mundo sufre una discapacidad importante, lo que impacta significativamente su calidad de vida. Esta disminución no solo se atribuye a la condición misma, sino también a factores asociados como las desigualdades en salud, la discriminación y, en muchos casos, la exclusión o trato inadecuado por parte del resto de la población. Este último problema, en gran medida, se origina en el desconocimiento de la situación específica de cada persona con algún tipo de discapacidad.
En el ámbito de la optometría, es común encontrarse con pacientes que presentan diversas patologías, así como aquellos que tienen una discapacidad de cualquier índole. Uno de los casos más comunes, por ejemplo, es el de los pacientes con Síndrome de Down (SD).
La prevalencia del SD a nivel global es de 1.88 %, según datos obtenidos de un estudio desarrollado en Chile entre los años de 1998 y 2005. De los 9 países sudamericanos investigados (Chile, Argentina, Paraguay, Brasil, Bolivia, Venezuela, Ecuador, Uruguay y Colombia), se observó que Colombia presentó una prevalencia de 1,72 %. Lamentablemente, desde entonces no se han registrado más datos sobre la prevalencia del SD en el país, lo cual refleja nuevamente la marginación de esta población en diversos ámbitos, incluida la investigación. (1)
Realizar un examen de optometría a un paciente con SD representa un desafío significativo en términos de preguntas como: “¿Cómo realizarlo? – ¿Qué pruebas aplicar según el paciente? – ¿Qué patologías oculares asociadas se espera encontrar?”. Aunque, como se mencionó anteriormente, todas estas dudas surgen del desconocimiento respecto a las situaciones que enfrentan las personas con este síndrome, el primer paso para contribuir de manera positiva y significativa radica en comprender mejor el panorama que el profesional podría enfrentar.
Niveles de afectación
Es importante entender, en primer lugar, que no todos los pacientes con SD son iguales. Aunque no existe una clasificación formal de niveles de afectación cognitiva o intelectual (como en el caso de otras discapacidades cognitivas), se reconoce que los pacientes con SD están asociados a diversas comorbilidades físicas y mentales que no se manifiestan de la misma manera en todas las personas afectadas. Esto significa que la situación de cada paciente es única; el impacto en sus capacidades intelectuales solo se puede determinar según la cantidad y la naturaleza de las condiciones cerebrales y cognitivas presentes.
Artículos como “Down Syndrome: Cognitive and Behavioral Functioning Across the Lifespan”, resaltan que el SD genera alteraciones cognitivas que afectan aspectos como el lenguaje, la capacidad de atención, el procesamiento rápido, la memoria, entre otros. (2)
Además, se ha observado que trastornos asociados, como el autismo, influyen en el desarrollo de nuevas alteraciones a nivel intelectual, dando origen a tres trastornos importantes: Trastorno Desintegrativo Infantil (TDI), Trastorno Generalizado del Desarrollo (TGD) y el Trastorno de Movimientos Estereotipados (TME). Los dos primeros impiden la adquisición de una buena interacción social, lenguaje expresivo y provocan alteraciones en la comunicación, mientras que el último se caracteriza por generar desórdenes en el comportamiento a nivel motor; es decir, la persona puede realizar golpes y movimientos impulsivos que afectan no sólo las actividades cotidianas, sino también las de quienes conviven a su alrededor. (3)
Manifestaciones oculares y visuales
Lo descrito hasta el momento evidencia la necesidad inherente de ajustar la consulta de optometría al tratar a pacientes con SD, con el propósito de obtener datos precisos y útiles que contribuyan a mejorar su calidad de vida, al menos en el ámbito visual. Esto se vuelve imperativo al considerar las numerosas asociaciones patológicas oculares presentes en los pacientes con SD. Las alteraciones visuales y oculares varían entre las personas afectadas por el SD. A nivel refractivo predomina la hipermetropía, seguida del astigmatismo y la anisometropía. El estrabismo afecta al 50 % de esta población, siendo más frecuente la endotropia, asociada a hipermetropía en un 80 %. Le sigue el astigmatismo con una prevalencia del 30 %, estos pacientes tienen una tendencia a tener ejes oblicuos. Por último, la miopía presenta una prevalencia mundial del 8 %. (4)
A nivel motor, el nistagmo es otra alteración muy común, siendo más frecuente su aparición en sentido horizontal. Esta afectación inhibe el desarrollo de la binocularidad e impacta la agudeza visual sobre todo en los niños en proceso de emetropización. (4)
La blefaritis, por su parte, es una afección frecuente en estos pacientes. Debido a esto, el conducto nasolagrimal suele obstruirse, generando incomodidad, visión reducida y de mala calidad; sin embargo, esta manifestación se presenta generalmente en los pacientes pediátricos, ya que, en la etapa adulta, el cráneo incrementa su tamaño y, por tanto, el conducto se amplía fisiológicamente. (4)
Finalmente, en el segmento anterior se ha identificado la presencia de catarata con una prevalencia del 80 %. Esta se desarrolla usualmente de manera congénita, por lo que es común encontrarla en niños menores de 8 años. (4) En este último caso, es claramente indispensable el manejo interdisciplinario entre optometría y oftalmología.
Dado lo anterior, a continuación, se ofrecerán recomendaciones y pautas específicas a tener en cuenta en la consulta de optometría para la detección, diagnóstico y seguimiento de las condiciones oculares asociadas al SD.
Agudeza visual
Teniendo en cuenta las posibles dificultades a nivel de lenguaje que puede presentar el paciente, la toma de agudeza visual (AV) mediante métodos convencionales se dificulta. Esto implica la necesidad de recurrir a herramientas como las cartillas con símbolos de Lea, tanto para visión próxima (VP) como lejana (VL). Para la visión de lejos, se pueden utilizar tarjetas sueltas con figuras y, para visión de cerca, se emplean figuras de referencia ubicadas en la parte inferior de la cartilla de VP. El examinador podrá establecer un valor para la AV, por medio del método de apareamiento, donde el paciente señala la figura que observa a distancia en la cartilla de VP.
Otra opción, que también utiliza la estrategia de apareamiento y que cuenta con figuras sencillas, son las figuras de Fooks. Estas son útiles para pacientes poco colaboradores y constituye una prueba dinámica que permite evaluar la AV a una distancia de 3 metros o 6 metros, según las medidas del cubo. En casos en que el paciente no esté dispuesto a ofrecer una respuesta verbal y subjetiva, se recurre a pruebas objetivas y cualitativas. Entre ellas se encuentran el tambor optocinético, una prueba que se puede usar a partir de los 3 a 4 meses de edad y que evalúa el desarrollo visual y el desarrollo del reflejo de fijación. También se puede emplear la mirada preferencial, la cual permite evaluar la AV mediante una respuesta comportamental. Esta prueba se realiza a una distancia de 57 cm y, con un ojo a la vez, permitiendo identificar la capacidad del paciente para dirigir su mirada hacia la paleta de franjas.
Estado motor
En la evaluación del funcionamiento de los músculos extraoculares, se emplean las ducciones y versiones de manera dinámica, las cuales van a permitir conocer si existe una parálisis, paresia, hiperfunción o hipofunción.
Para identificar el paralelismo ocular, se aplica la prueba de Hirschberg, la cual permite identificar la existencia de una desviación, sea de tipo latente o manifiesta y cuantificarla.
Para identificar y cuantificar una desviación latente o manifiesta, el Cover test, es una prueba que se puede realizar sin problema, siempre y cuando se logre atraer la atención del paciente, de manera que este no se sienta incómodo, esté dispuesto a colaborar y el profesional logre realizarla de forma rápida. En caso contrario la prueba de Krimsky sería mejor opción, especialmente si se considera la alta prevalencia del estrabismo en estos pacientes.
Refracción
Para determinar el estado refractivo del paciente, se pueden utilizar dos métodos: la retinoscopía de Mohindra en pacientes en etapa lactante y la retinoscopía dinámica con reglas esquiascópicas y/o caja de pruebas. Estas pruebas permiten captar la atención del paciente, proporcionando un resultado de manera rápida y efectiva. Otra alternativa es la refracción bajo cicloplejia, pero en este caso, se debe tener en cuenta los antecedentes y condiciones de salud, o en algunos casos, se puede solicitar al médico tratante un certificado de aval para aplicar el medicamento.
Bruckner
En todos los pacientes es relevante revisar el reflejo rojo retiniano mediante el test de Bruckner. Esto facilita la detección de cataratas congénitas en el caso de los pacientes más pequeños y cataratas en desarrollo en los pacientes mayores. Además, sirve como un indicador preciso de errores refractivos altos que pueden ayudar a identificar la presencia de anisometropías, así como la posibilidad de ambliopía en pacientes cuya toma de AV no fue la más exitosa.
Conclusiones
Todos los datos descritos antes, permiten comprender que la discapacidad en general es una condición constante en la población mundial, subrayando la importancia de fomentar el trabajo interdisciplinario para desarrollar pautas o manuales que sirvan como guía, especialmente para aquellos que eventualmente interactúan con la población discapacitada.
Finalmente, los optómetras, al igual que otros profesionales de la salud en general, tienen el compromiso de aplicar un modelo biopsicosocial en la atención de la población con discapacidad. Esto implica promover habilidades necesarias para ofrecer la mejor experiencia a cada paciente que visite su consulta, independientemente de la situación de salud específica de cada uno. Dar un paso más hacia la verdadera inclusión de la población con discapacidad está en las manos de los profesionales.
Autoras:
- Camila Piñeros Franco
- Laura Veloza Huertas
- Angelica Higuera Hernández
Estudiantes Noveno Semestre, Programa de Optometría de la Universidad El Bosque.
Referencias
- Nazer J, Cifuentes O L. Estudio epidemiológico global del síndrome de Down. Rev Chil Pediatr [Internet]. 2011 [cited 2023 Jul 5];82(2):1–8. Available from: http://dx.doi.org/10.4067/S0370-41062011000200004
- Grieco J, Pulsifer M, Seligsohn K, Skotko B, Schwartz A. Down syndrome: Cognitive and behavioral functioning across the lifespan. Am J Med Genet C Semin Med Genet [Internet]. 2015 Jun 1 [cited 2023 Jul 3];169(2):135–49. Available from: https://dsctn.org/wp-content/uploads/2022/03/greico_ds-cognitive-behavioral-functioning-across-lifespan-american-journal-med-genetics-2015.pdf
- Flórez J. Autismo y Síndrome de Down. Revista Síndrome de Down [Internet]. 2005 [cited 2023 Jul 3];22:1–12. Available from: http://revistadown.downcantabria.com/wp-content/uploads/2005/06/revista85_61-72.pdf
- Murillo Andrade LP. Importancia de la evaluación visual en niños con Síndrome de Down. Universidad CES [Internet]. 2016 [cited 2023 Jul 3];1–16. Available from: https://repository.ces.edu.co/bitstream/handle/10946/363/Importancia_Revisi%c3%b3n_Visual.pdf?sequence=1&isAllowed=y
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Una dieta equilibrada que incluya ciertos nutrientes puede contribuir a prevenir problemas oculares y a mantener la vista en buen estado durante más tiempo.
Durante décadas, las zanahorias han sido el alimento más asociado a la salud visual. Su contenido en betacarotenos, que el organismo convierte en vitamina A, ayuda al correcto funcionamiento de la retina y a mantener una buena visión, especialmente en condiciones de poca luz. Sin embargo, no son el único alimento capaz de cuidar los ojos. Una dieta equilibrada que incluya ciertos nutrientes puede contribuir a prevenir problemas oculares y a mantener la vista en buen estado durante más tiempo.
Diversos estudios en el ámbito de la nutrición y la oftalmología destacan que algunos alimentos ricos en antioxidantes, vitaminas y ácidos grasos esenciales pueden ayudar a proteger los tejidos oculares del envejecimiento y del daño provocado por factores como la exposición prolongada a pantallas o la radiación solar.
A continuación, cuatro alimentos que también pueden ser aliados para la salud visual.
Espinacas y otras verduras de hoja verde
Las verduras de hoja verde como las espinacas o la col rizada contienen luteína y zeaxantina, dos antioxidantes que se acumulan en la retina. Estos compuestos ayudan a filtrar parte de la luz azul que llega al ojo y pueden contribuir a reducir el riesgo de deterioro visual asociado a la edad.
Además, su alto contenido en vitaminas C y E contribuye a proteger las células frente al estrés oxidativo, un proceso relacionado con el envejecimiento ocular.
Pescados grasos
Pescados como el salmón, la sardina o el atún son ricos en ácidos grasos omega-3, especialmente DHA y EPA. Estas grasas saludables son importantes para el correcto funcionamiento de la retina y para mantener la superficie ocular hidratada.
Una ingesta adecuada de omega-3 también se ha relacionado con un menor riesgo de padecer sequedad ocular, un problema cada vez más frecuente entre personas que pasan muchas horas frente a pantallas.
Huevos
Los huevos son otra fuente interesante de luteína y zeaxantina. A diferencia de otros alimentos, estos antioxidantes se encuentran en una forma que el organismo absorbe con facilidad.
La yema también aporta zinc, un mineral que ayuda a transportar la vitamina A desde el hígado hasta la retina, donde se transforma en melanina, un pigmento protector del ojo.
Frutos secos
Almendras, nueces y avellanas contienen vitamina E, un antioxidante que ayuda a proteger las células del daño causado por los radicales libres. Esta vitamina puede contribuir a ralentizar procesos de deterioro ocular relacionados con la edad.
Además, algunos frutos secos como las nueces también aportan pequeñas cantidades de omega-3, lo que refuerza su papel dentro de una dieta beneficiosa para la salud visual.
Una dieta variada, clave para cuidar los ojos
Los especialistas coinciden en que ningún alimento por sí solo garantiza una buena salud ocular. Lo más recomendable es seguir una alimentación variada y equilibrada que incluya frutas, verduras, pescado, frutos secos y otros productos ricos en nutrientes esenciales.
Junto a la dieta, mantener revisiones periódicas de la vista, descansar la mirada durante el uso prolongado de pantallas y proteger los ojos del sol son hábitos que también ayudan a preservar la salud visual a largo plazo.
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